El coronavirus demuestra que sin políticas de salud inclusivas, es imposible que haya medicina para quien la necesita

O aprendemos a cuidar o perecemos”. Esta es una de las frases de cabecera de Bernardo Toro, filósofo colombiano y uno de los precursores del paradigma del cuidado. Hoy día, la pandemia generada por el coronavirus permite palpar la vigencia de esta frase, lo cual ofrece una oportunidad para reflexionar sobre cuestiones que han sido históricamente relegadas, pero que hoy se tornan urgentes. Cuestiones como el derecho a la salud pública, a la educación de calidad, a tener una vida digna, se ponen de manifiesto en una situación de crisis que, finalmente, remite a un concepto integrador: el cuidado.

El paradigma del cuidado propone un objetivo común y una brújula que guíe todas las acciones, tanto a nivel individual como colectivo. Ese objetivo es el cuidado de la vida misma y de la casa común. Esta perspectiva se opone a la del paradigma dominante, cuyo objetivo es la acumulación de poder y éxito. Los Estados nacionales y las políticas públicas, en tanto ligados a un contexto histórico, reproducen las mismas lógicas del paradigma que les dio origen y bajo el cual existen. El paradigma del cuidado, por el contrario, propone una nueva cosmovisión, opuesta al individualismo y a la competencia: el cuidado del cuerpo es el cuidado de la Tierra, porque el cuerpo es nuestro anclaje a la Tierra. Bajo esta guía, podremos construir sociedades justas, éticas y, sobre todo, sostenibles.

La ilusión de la individualidad

Bernardo Toro afirma que “por un lado, hemos creado todas las condiciones para desaparecer como especie. Pero, por otro lado, hemos creado todas las condiciones para reconocernos como una sola especie”. El covid-19 nos muestra exactamente eso y más: que somos una sola especie y que vivimos en un mismo planeta. La rápida propagación de la enfermedad, que en pocos meses pasó de una ciudad en China al mundo entero, no solo da cuenta de las intrincadas conexiones planetarias que genera la movilidad humana, sino también del efecto de una persona en las demás. Y esta toma de conciencia está ocurriendo desde hace tiempo: el individualismo es una ficción, todo lo que hace el yo tiene consecuencias en otras personas. Y, a nivel social, también: la apropiación de los bienes públicos y de la naturaleza tiene consecuencias (devastadoras) en toda la sociedad.

El aislamiento que están llevando a cabo muchos países en el mundo parece contradecir esta afirmación. Pero, por el contrario, la refuerza: el distanciamiento es una acción colectiva que tiene por objetivo el cuidado propio, del cercano y del extraño y muestra el impacto de las acciones individuales en otros y otras, pero de forma positiva. Al aislarme me conecto con el propósito colectivo de frenar la propagación del virus y eso tiene una consecuencia positiva: la curva se aplana. De modo que tenemos la oportunidad de tomar este aislamiento, no como una distancia ni como un sometimiento, sino como una acción colectiva con resultados concretos y positivos para el conjunto de la sociedad. Y, desde ese punto de vista, podemos aprender mucho de esta experiencia.

No obstante, cabe aclarar que la enfermedad tiene impactos diferenciados, no sólo en términos sanitarios, sino, especialmente, económicos. No todas las personas tienen los medios para llevar a cabo una cuarentena y eso permite visibilizar las profundas desigualdades sociales que atraviesan este y todos los países latinoamericanos. El covid-19 obliga a poner la mirada en esas desigualdades en el acceso a vivienda, a alimentos de calidad, a salud, a educación, a agua segura. En el acceso a derechos. Y justamente es esa desigualdad en el acceso a derechos lo que provoca la desigualdad en el impacto del covid-19 a nivel económico y social. Por esto, en primer lugar, esta pandemia exige la adopción de medidas diferenciadas para proteger a los grupos más vulnerables.

En términos colectivos, la rápida propagación de la enfermedad amenaza con provocar un colapso en los sistemas de salud pública. Los países europeos, hoy los más afectados, tienen grandes problemas para atender las necesidades de la población afectada desde sus sistemas de salud. Si esta situación ha colapsado los países de renta alta, ¿cómo puede afectar a los países en vías de desarrollo? Quizá esta pandemia pueda ser el puntapié para pensar los sistemas de salud pública desde otra perspectiva. La perspectiva del cuidado.

Fuente: BBC

Salud no es lo mismo que medicina

Medicina para todos no es posible en ninguna sociedad. Salud para todos es posible en toda sociedad”. Según Bernardo Toro, nuestras sociedades confunden salud con medicina. “Nosotros pensamos en cuántas citas médicas, cuántas operaciones, pero no discutimos cuántos cordones sanitarios, cuántos acueductos, cuánto lavarse las manos”. Toro señala que la medicina es una cuestión de ciencia, de tecnología e inversión. Pero, en cambio, la salud es una cuestión de educación y comportamiento.

Esta distinción bien puede plantearse en términos de medicina curativa y salud preventiva. Un sistema de salud debe centrar sus esfuerzos en proveer las herramientas necesarias, desde la educación y la cultura, para que la sociedad sea sana. Y, así, podrá tener la capacidad para darle medicinas de calidad a quienes lo requieran, en el momento en que lo requieran.

El paradigma del cuidado propone un sistema de salud centrado en la prevención, en el que la enfermedad es una contingencia. Un país que se decida a construir un sistema así, será capaz de garantizar la salud y la medicina al pueblo. En palabras de Toro, “es posible darle medicina a un pueblo sano, pero es imposible darle medicina a un pueblo enfermo”. El covid-19 está demostrando empíricamente esta afirmación.

Por esto, el sistema de salud no se agota en un ministerio o en una secretaría cuyo único trabajo sea proveer insumos, personal e infraestructura médica. La salud tiene que ver con la educación, con la alimentación, con el acceso al agua, a energía, a vivienda, a un ambiente sano. Y tiene que ver con el acceso equitativo a esos derechos. La perspectiva del cuidado propone pensar la salud desde una perspectiva holística, en la que el cuerpo es parte de la Tierra y está conectado a todas las otras formas de vida. Y, en esta medida, las políticas públicas podrán garantizar la salud de la población y la medicina de calidad a quienes sufran la contingencia de la enfermedad.

Bernardo Toro en TEDxPuraVida 2012

El cuidado como el primero de los derechos

El cuidado asume una doble función: previene daños futuros y repara daños pasados”, dice el filósofo y ecologista brasileño Leonardo Boff. La crisis civilizatoria actual exige una transformación en nuestra forma de vincularnos entre las personas y con otros seres vivientes. El origen común de nuestra materialidad nos hace semejantes y el ser humano es apenas una forma más de materialidad.

En palabras de Boff y Toro: “Estando en riesgo la supervivencia humana, debe ser un paradigma de especie, que fundamente una nueva forma de ver el mundo (cosmovisión) frente al cual se diluyan todas las discusiones ideológicas, de fronteras y nacionalidades”. Y añaden: “Como nuevo paradigma de la nueva civilización, conlleva modificaciones profundas en todas nuestras formas de ver y estar en el mundo. Es un cambio en todas las dimensiones políticas, económicas, culturales, sociales y espirituales”.

La pregunta que todavía está abierta es: ¿podremos dar respuestas diferentes a la crisis que por lo menos comiencen a delinear un nuevo paradigma? ¿O acaso se implementarán medidas producto de las mismas lógicas de siempre, patriarcales, consumistas y abusivas que a su vez han generado el problema? En estos tiempos de incertidumbre, en los que las fuerzas del paradigma dominante siguen vigentes y ejercen su prepotencia sobre las personas, los animales y la naturaleza y buscan aprovechar la crisis para perpetuar su poder, hay también voces que suenan fuerte y que repiten incesantemente la misma palabra: “cuidar”.

Por esto, desde los márgenes de la sociedad, desde las bases y a partir de la recuperación de la memoria colectiva convertida en organización y acción, podremos no solamente enfrentar la crisis sino, a partir de ella, promover el nuevo paradigma que ya se tornó urgente e indispensable. Porque hoy, como nunca, hemos aprendido la diferencia entre el paradigma del éxito basado en la competencia y el paradigma del cuidado basado en la cooperación; la diferencia entre políticas de medicina y políticas de salud; la diferencia entre vivir en sociedad y sobrevivir en cuarentenas.

Por Yanina Paula Nemirovsky

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