ENTREVISTA AL DOCTOR EDGARDO BUSCAGLIA (SEGUNDA PARTE)

“La delincuencia organizada busca el Estado de derecho para proteger y resguardar sus capitales”

“Se necesitan dos para bailar tango”, dice Buscaglia para ilustrar el carácter transnacional del crimen organizado y cómo se sirve de las leyes para proteger sus capitales. Por esto, “la paradoja de la represión” indica que cuanto más se combate el crimen organizado con el uso de la fuerza pública, sin respetar derechos humanos, sin controles ciudadanos, sin institucionalidad y sin desmantelar patrimonios originados en ilícitos, los niveles de corrupción y delincuencia aumentan.

Tomando el caso de Argentina y la reciente causa judicial por una serie de sobornos que involucran a empresarios y funcionarios de alto nivel ligados a la obra pública, ¿estamos ante un caso de desmantelamiento de una red criminal?

Argentina está en una etapa incipiente de la paradoja de la represión. Argentina está entrando en un proceso en donde está aumentando la reacción del Estado en cuanto a aplicar la mano dura, como le llaman ustedes, o represión, donde no hay un respeto puntilloso de los derechos humanos y al mismo tiempo no se están desmantelando las redes patrimoniales de políticos vinculados a esas redes criminales. O sea que están deteniendo al que tira la bolsa en el convento, están deteniendo al jefe del que tira la bolsa y al jefe del jefe, pero no están deteniendo a toda la organización criminal que está alrededor de esos tres tipos. Y lo tenés que hacer, porque de lo contrario, esa estructura operativa que antes funcionaba generando violencia ligada a esta gente va a seguir operando. Se reemplazan con una facilidad enorme estas redes criminales. Tú metes a la cárcel a De Vido y te salen otros tipos para reemplazarlo inmediatamente, en el futuro gobierno o en el mismo. Esa es la experiencia internacional. Entonces lo que tú tienes en países como Italia o en Colombia, cuando realmente se ataca la delincuencia organizada, son lo que se llaman Maxiprocesos. Los Maxiprocesos son procesos judiciales que van contra cientos de personas al mismo tiempo en un gran expediente, una gran causa judicial. Eso Argentina no lo está haciendo.

¿Sería ese el caso del Lava Jato?

Lava Jato es delincuencia organizada, claro está, o también el caso Odebrecht es delincuencia organizada de libro de texto. El hecho de que estén bien perfumados no quiere decir que no lo sean. Pero si acá se toma el ejemplo del Lava Jato y se comienza a trabajar como hicieron los brasileiros, y espero que sin la inestabilidad política que esto conlleva, ustedes se van a encontrar con políticos, con operativos de políticos, con empresas de políticos, con fideicomisos. Lo más desesperante es que la Argentina ya tiene todos los instrumentos legales para hacerlo. Lo que les falta a ustedes es un buen y ágil mecanismo de desmantelamiento patrimonial, que los legisladores se resisten a adoptar porque tienen miedo de que se lo apliquen a ellos mismos y esto es algo que me lo han dicho en la cara. Entonces cuando tú le llevas la ley de extinción de dominio con siete o diez causales, como nosotros le llevamos en el 2014 a la gente de Massa o a la gente de Macri para que la consideren, primero comienzan a hacer mucho show, lo mencionan en los programas de televisión y en entrevistas y demás. Pero después les empiezan a cortar las causales de extinción. O sea que los políticos mismos se dan cuenta de que esa ley se la van a aplicar a ellos y la anulan. Hacen el show de aprobarla, pero le quitan las causales. Las causales son las causas, los motivos por los cuales a ti se te puede sacar el dominio patrimonial sobre tu propiedad. Una causal, por ejemplo, es que no puedas explicar el origen legal de tu fortuna. Si no podés explicar de dónde sacaste un millón de dólares, te los quitan.

Para entender en qué se basa el criterio para establecer las causales, ¿no se supone que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario?

Ese es un principio que se aplica en derecho penal, porque tu libertad física está en juego. Acá tu libertad no está en juego. Esto es como una auditoría tributaria. En la Argentina y en todos los países de este planeta el Estado invierte la carga de la prueba en las causas tributarias, o sea que tú tienes que probar de dónde sacaste tu dinero. Si quieres vivir en una sociedad civilizada no puedes comprarte una casa con dinero que sale de la compraventa de un ser humano. Entonces tienes que probar al Estado que tu dinero es legal. A la vez, los fiscales tienen que tener la discrecionalidad para no irse en contra de los millones de argentinos que simplemente evadieron impuestos. En todas las fiscalías del planeta hay las llamadas “políticas criminales”, que consisten en jerarquizar los delitos: tú vas a los delitos más serios, de mayor impacto social, y por ahí comienzas. Los políticos le tienen miedo a la ley de extinción de dominio porque tienen miedo de que sea utilizada por la oposición como arma política.

¿Cómo se evita que la ley de extinción de dominio sea utilizada como arma política?

Tenés que establecer una política de control de los fiscales. Por ejemplo, que se aplique extinción de dominio en casos de crímenes de lesa humanidad, como la compraventa de seres humanos, la trata de personas, los secuestros, los genocidios. También para el tráfico de armas, que no es un crimen de lesa humanidad pero que corresponde aplicar. Entonces, le tenés que dar una receta al fiscal que a su vez tiene que estar controlado para que no la aplique a la evasión tributaria de tu abuela. El tema de los controles a los fiscales forma parte del desarrollo institucional. La gente piensa que un sistema independiente no tiene controles. No, la justicia tiene que tener controles, como los tienen la justicia de Suecia o la de Japón. El fiscal es sujeto a controles sociales y legislativos. Por ejemplo, en los Estados Unidos, el fiscal tiene que dar cuenta de cada investigación al Congreso. Eso todavía no se desarrolló en Argentina. Si tú controlas a estos fiscales, entonces los políticos no tendrían tanto miedo. Estamos en un círculo vicioso en el que no podemos aplicar leyes anti mafia porque las mismas personas que las tienen que diseñar y aprobar, por más que no sean mafiosos, que algunos no lo son, tienen miedo de que después les apliquen esas leyes en su contra.

¿Y qué pasó finalmente con la ley de extinción de dominio en la Argentina?

La vincularon a la causa criminal. Yo te pregunto: ¿Para qué querés tener una ley de desmantelamiento en materia civil si requerís que exista una causa penal? La causa penal tiene que ir por separado, tiene que ser una figura autónoma. Si tú encuentras que en una causa penal hay una serie de bienes que no fueron decomisados, ahí sí podés tomar esos bienes e investigarlos por extinción de dominio, pero no es que tengas que condicionar la extinción del dominio a que haya una sentencia. Si no, ¿para qué tenés la ley? Finalmente, la porquería que sacaron acá, que no se aprobó, no fue una ley de extinción de dominio, fue sujeta a un voto del Congreso y lo que sacaron como iniciativa de consenso fue realmente un horror.

¿Por qué?

Porque le creaban tantas trabas a la aplicación de esa ley que nacía prácticamente muerta. Era una ley que nacía muerta, no se podía aplicar. Era tan difícil aplicarla que finalmente los mismos diputados en Argentina decidieron no tener nada.

Para estar claros. ¿Cómo queda el resultado en la práctica?

En la práctica resulta que no se puede extinguir el dominio patrimonial de las personas que no pueden justificar el origen legal de sus patrimonios.

Entonces, si se investiga a alguien que no puede demostrar que su patrimonio tiene un origen lícito, ¿simplemente ahí queda?

Simplemente ahí queda. El Estado argentino está conducido por corruptos o por cobardes que en el fondo tienen miedo a que les apliquen esos instrumentos anti mafia a ellos. Y si hay corruptos y cobardes en un Estado tenés lo que tenés en Argentina: un Estado con 18 vacíos institucionales de los que yo te mencioné solo dos. El primer vacío está ligado al hecho de que la ley de reasignación social de bienes decomisados a la sociedad civil no existe en Argentina. ¿Por qué? Porque hay mucha mafia en la administración de bienes decomisados. Eso no es un justificativo para no tener una ley como la italiana. No se animan a enfrentarse a las propias mafias dentro de su Estado y esa es una gran tragedia para el país. Siempre les digo a los políticos argentinos que, si los fundadores de este país en 1852 y 1853 hubiesen pensado como ellos, hoy no tendrían país. Lamentablemente, Argentina está viviendo en este impasse que impide aplicar estas reformas que yo siempre menciono en mis libros, en mis entrevistas, en mi práctica profesional.

En estos casos ejemplares a los que ha hecho referencia, como Colombia e Italia, ¿cómo es la situación ahora en estos países? ¿No existe más la mafia?

Existe, existe. La delincuencia organizada existe en todos los países del planeta. Pero hay una gran diferencia. La misma delincuencia organizada que tú tienes acá en Argentina, cuando opera en Europa, acota sus delitos. Es decir que comete delitos de menor impacto. Se atomiza mucho más, no cuelga gente de puentes, como hace en México, no mete a gente en fosas comunes. Se acotan los delitos a otros de menor impacto social. Comete delitos de escaso impacto social, como el juego ilegal, que por ejemplo se ve mucho en Alemania en manos de la delincuencia organizada albanesa. En Alemania han legalizado la prostitución y hay toda una discusión sobre ese tema. Esto quiere decir que las trabajadoras y trabajadores sexuales tienen derechos laborales como tú. Tienen pensión.

¿Y se logró terminar con la trata de personas?

Ahí voy. Alemania, cuando se cayó el muro de Berlín, comenzó a tener enormes flujos de personas que eran traficadas de este a oeste. Los alemanes reaccionaron con pereza, pero reaccionaron, y eso dio lugar a que las rutas de la trata le hagan un baipás a Alemania una vez que se comenzaron a desmantelar muchísimas redes criminales dedicadas a la compraventa de personas. Entonces, lo que comenzaron a hacer es ir por mar directamente hacia Portugal o hacia Grecia a buscar mercados de bajo riesgo para sus delitos de alto impacto. Además, Alemania legalizó el trabajo sexual, con lo cual le quitó un gran negocio. Alemania así tuvo un decrecimiento masivo en la trata de personas, que ahora se trasladó a Turquía, Grecia, Portugal, a países en donde las instituciones no son tan fuertes. Entonces, a la delincuencia organizada no la podés hacer desaparecer, pero sí la podés acotar en sus delitos. En vez de dedicarse a 23 tipos de delitos, se dedican, por ejemplo, a 10. Uno desearía que no se dediquen a ninguno, pero ningún Estado tiene tantos recursos como para combatir a la delincuencia organizada hasta su extinción.

Entonces, debe haber una política criminal que jerarquice los delitos desde el propio Estado nacional.

Claro, si tú le tienes que dar dinero a los fiscales para que combatan el juego ilegal y con eso le estás sacando educación a la gente… Yo soy economista también, y estamos viviendo en un mundo de recursos escasos. Tienes que priorizar dentro de tu política criminal. La Argentina hoy no tiene una política criminal. Estamos en una película de policías y ladrones donde la sheriff de Bonanza es Patricia Bullrich y estamos caricaturizando a los grupos criminales y haciéndole un gran daño al futuro de este país. Porque, en el fondo, los cientos de miles de ciudadanos bolivianos, paraguayos, chinos, vietnamitas, que son traficados en este país como migrantes no están siendo abordados por la política criminal de Bullrich. Está caricaturizándola como un problema de drogas y como un problema de pandillas y de buenos y malos. Cuando en realidad tiene a políticos y empresarios de alto nivel, como los tenía Italia, como los tenía Rumania, como los tenía todo país que se tomó esto en serio. Forma parte de la inmadurez, de tener a un presidente que está mirando el termómetro electoral cada vez que abre los ojos a la mañana y a la noche cuando los cierra. Es un presidente que podrá ser un buen hombre, pero lamentablemente es un señor miedoso que no enfrenta la situación como la enfrentaban los grandes estadistas de la historia de este problema y los grandes héroes que dieron su vida por este problema.

¿Se combate el crimen organizado en función del termómetro electoral?

Tú no puedes mirar la próxima elección para combatir el problema, sino que tomás las decisiones que tenés que tomar, como decía el presidente Uribe, a quien le asesinaron a su padre, “gane o no gane la próxima elección”. Y lo mismo decían presidentes de centroizquierda, por ejemplo, en Rumania. Es decir que no hay ideología. La izquierda y la derecha pueden combatir con igual vigor a la delincuencia organizada con la bandera de los derechos humanos al mismo tiempo. A mí me da mucha pena que se esté ideologizando este problema en la Argentina, porque esa puja ideológica sin sentido que tienen acá le está dando mucho oxígeno a la delincuencia organizada. Se malentienden los derechos humanos como si fuesen una barrera para combatir al delito cuando en realidad no lo son. La sociedad colabora más, los testigos colaboran más cuando se respetan los derechos humanos. Por otro lado, a los policías no se les está dando el entrenamiento operativo para que lo hagan. Les están dando lanchitas, radares y armas, pero no entrenamiento y yo diría que nos dediquemos a eso primero. Todos los países del mundo tienen defectos en sus instituciones; lo que nosotros tratamos de hacer es eliminar los vacíos, no los defectos, y acá hay muchos vacíos institucionales.

Volviendo al tema del crimen organizado y los actores implicados en las redes criminales: ¿en dónde quedan los grandes bancos en este esquema?

Escribí un libro sobre lavado de dinero y corrupción política en donde narro la ruta de los dineros sucios, desde su origen hasta el destino final. Como origen de los dineros sucios están los países con mayores vacíos de Estado, entre ellos México, Rusia, China. En estos países de origen es donde la sangre corre, donde hay mucha compraventa de personas, secuestros, extorsiones, y ahí el dinero comienza a integrarse en el sistema financiero y pasa por más de 300, 400 transacciones. Primero lo usan para comprar una casa, después venden la casa y compran bonos en Rumania, los bonos en Rumania compran otro departamento en Portugal… o sea que van diversificando, hasta que lo integran en los países de mayor Estado de derecho. Porque el mafioso sofisticado, la delincuencia organizada en serio, busca el Estado de derecho para esconder y resguardar sus capitales. Y ahí contratan a grandes auditores, contadores, ingenieros financieros de Austria, gente con doctorados, contratan a todos estos profesionales para que les armen la estructura de lavado de dinero. Entonces ahí el dinero se va a Texas, a Nueva York, y ahí se compran esos grandes edificios de Trump en donde aquellos dueños de departamentos son sociedades sin nombres ni apellidos, como lo viste en Panamá Papers.

Entiendo que estos dineros se mueven a través de los bancos y los profesionales de las finanzas son los que crean las estructuras de lavado. ¿Hay datos sobre estos movimientos?

El 20% del lavado de dinero mundial se integra en Estados Unidos. Eso lo pongo en mi libro, está publicado. El 3% se esconde en Inglaterra y en sus dominios caribeños. Después tenés en Uruguay el 0.7%, que como proporción del tamaño de la pequeña economía de Uruguay es enorme. Conocemos las proporciones. En Estados Unidos decimos que se necesitan dos personas para bailar tango. Necesitás a los países que originan el dinero sucio y a los países que atraen el dinero sucio para integrarlo. Y ahí tenemos grandes reformas que hacer en Estados Unidos. Por ejemplo, no permitir que se abran corporaciones en nombre de sociedades donde no se conocen los beneficiarios finales. Estados Unidos todavía tiene ese problema en Delaware, en Colorado, en Nevada. Ese es un gran atractivo para el lavado de dinero que termina en caballerizas, termina en ranchos. Estados Unidos es un gran atractivo.

¿Esto quiere decir que en Estados Unidos no se persiguen los delitos de lavado de dinero?

No, para nada. ¡Los fiscales allá trabajan! Pero aún es una economía muy poderosa que atrae mucho dinero y que lo protege. El mafioso, esa caricatura del Marlon Brando en El Padrino, busca el Estado de derecho, busca proteger sus capitales y enviar a sus hijos a estudiar a Suiza, a la vez que cometen los delitos en los países con vacíos de Estado como Argentina. La Argentina tiene que elegir entre ser el país de origen de dinero sucio o ser el país de integración del dinero sucio. O no ser ninguno de los dos. Hoy es un país de origen. En el rango de selección, lo último que yo preferiría ser es el país de origen del dinero sucio, porque en esos países se compran niños, se compran mujeres, se trafican migrantes como naranjas, todos delitos que la secretaria Bullrich no está atendiendo. Entonces, en orden de gravedad, ella tiene que comenzar, no por lo que le diga la DEA, sino por lo que dice el sentido común como ser humano, que es la compraventa de personas. Y después tiene que ir a lo que le diga la DEA y ella se puede cuadrar como un soldado y hacer lo que le dicen, pero primero tiene que ir a los delitos de lesa humanidad. Cada boliviano, cada paraguayo y cada peruano que es traficado a la Argentina, y a veces a otros lados, eso es un crimen de lesa humanidad y para mí esa debe ser la prioridad de este país. Y no lo es. Tengo varios casos de Argentina en donde no hubo respuesta institucional y es ahí en donde hay que concentrarse. Creo que el lavado de dinero es un cáncer en los países con mayor y más sofisticado estado de derecho, porque atrae los capitales, pero hay que combatirlo como te dije yo: en Estados Unidos, en Alemania con los instrumentos que señalo en mis libros. Inglaterra está haciendo avances prohibiendo el uso del establecimiento de corporaciones bajo nombres de otras corporaciones sin que se conozcan los beneficiarios originales. A este respecto, hay mucho trabajo por hacer, pero Estados Unidos tiene que dar el ejemplo y no lo está dando. Eso también lo digo en mis libros.

Hoy se está extendiendo un análisis del contexto regional según el cual América Latina está atravesando por un proceso de “derechización” mientras que en México ocurre un proceso contrario. Es decir: tenemos, por un lado, a un presidente electo en Brasil que llegó con un discurso de “mano dura” y, por el otro, a un presidente recientemente asumido que muchos llaman “de izquierda”. ¿Cuál es su posición sobre este análisis?

López Obrador, como yo les señalé en el 2016 a sus defensores y en debates que he tenido con sus intelectuales, es un señor que forma parte del establishment del PRI. Nació y se formó en el PRI. Es un señor eminentemente conservador, políticamente hablando, disfrazado de demagogo. A mí no me gusta insultar la palabra populista; no tiene nada de malo ser populista. Mientras seas institucionalista y populista está muy bien. Pero López Obrador es un conservador disfrazado de demagogo y está rodeado de empresarios. Alfonso Romo, su jefe de gabinete, es un Franco Macri. A mí me gustaría que López Obrador sea pragmático, pero que no diga una cosa y haga otra. Y eso es lo que está pasando. Él ha dicho por muchos años que no van a militarizar, que van a quitar al Ejército de las calles, y ahora acaba de anunciar hace un mes que la política de seguridad va a estar implementada por el Ejército y la Marina. La gente le está dando una luna de miel a este hombre porque aparenta ser una ráfaga de oxígeno en un mar de sangre. Pero cuando comiencen a ver que la economía estalla y que las muertes continúan, el país le va a explotar en la cara a López Obrador. Y es ahí en donde van a venir los Bolsonaros, los Trumps, los Broncos[1]. Ahí vas a empezar a tener a estos señores no institucionales que van a aparecer como hongos. Brasil, por el otro lado, es un caso que a mí me da mucha esperanza. En Brasil las instituciones se han venido desarrollando a los golpazos, como sucede en todo país. Pero sí han habido grandes avances en el sistema judicial. Argentina tiene que admirar que Brasil haya procesado a más de la mitad de su Congreso, de todos los partidos. Pero ese proceso generó una inestabilidad política espantosa. Es como la adolescencia de los países. Así crecemos. Estados Unidos también vivió esa adolescencia e inestabilidad política, ¡tuvo la guerra civil con cientos de miles de muertos! ¿Qué más inestabilidad política que esa? Los países tienen que salir de su adolescencia y Brasil lo está haciendo.

¿A pesar del presidente electo?

A pesar del presidente electo. Y te voy a decir por qué. Esta es una versión que no he compartido todavía porque a los Carlos Pagni no les gusta que les digas estas cosas. A ellos les gusta el modelo gradualista, de los empresarios. El presidente Macri, como buen hombre que es, pero políticamente cobarde, mira con mucho terror a Brasil. Es la pesadilla para un señor de la estructura política de Macri. Pero es así como los países adolecen su desarrollo, dejan sus cloacas atrás y crecen institucionalmente. Pero en momentos así, la inestabilidad política de procesar a más de la mitad de la clase política hace que la gente diga: “¡todos los partidos son una mafia!” Y por eso buscan a personajes que no vengan de esa estructura de poder. A pesar de que Bolsonaro paradójicamente fue legislador durante muchos años, él no perteneció a las élites partidarias que gobernaron el país. Entonces la gente lo percibió como un señor que, con mano dura nuevamente, iba a venir a violar derechos humanos y a hacerle la vida feliz.

¡No parece muy coherente!

Hay que educar al pueblo. La gente tiene que entender que se puede combatir a la delincuencia con derechos humanos a mano y se puede hacer muy bien, como lo está tratando de hacer Francia, como lo ha hecho Alemania. No somos genéticamente desventajados, podemos hacerlo. Eso va a formar parte de un proceso educativo y de un proceso de choques muy fuertes con las instituciones brasileiras, donde Bolsonaro no va a poder hacer todo lo que dijo que iba a hacer, porque si lo hace vas a tener una crisis constitucional en Brasil. Y ahí va a ser donde al mismo Bolsonaro, que va a tener que estar asesorado por gente que creo que es más preparada que él, le van a decir, “no, tenés que terminar la presidencia y establecer prioridades. No podemos asesinar a la gente por la calle como hace Duterte en Filipinas”. El sistema judicial brasileiro es mucho más fuerte que el de Filipinas, entonces va a haber mayor contención. Veamos qué pasa. Este proceso forma parte de la adolescencia y el crecimiento. Pero yo prefiero un país así a un país avestruz como Argentina. Que mete la cabeza en un agujero, vive con los dieciocho vacíos de Estado que hacen crecer la delincuencia organizada, no encarcela a la clase política involucrada sino solamente a la oposición y después dice “no vamos a rellenar los vacíos de Estado porque si lo hacemos no podemos ganar la próxima elección y nos van a aplicar esas leyes a nosotros”. Es un país cobarde, de políticos cobardes que hacen eso. La gente está entendiendo que eso está sucediendo y se está revelando. Yo tengo fe en que la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires esté dispuesta a avanzar con algunas reformas. Por ejemplo, no puede ser que la provincia de Buenos Aires no tenga una ley de financiamiento de campañas. ¡No tiene una ley!

Justamente hace algunos meses se descubrió que su campaña se financió a partir de aportantes apócrifos, lo que llamamos aquí “aportantes truchos”.

Porque no hay ley, y eso es una invitación internacional a que todo grupo criminal chino, toda Tríada, toda Yakuza, venga a la Argentina a financiar campañas políticas.

La solución que han dado fue bancarizar todos los aportes. ¿Es eso una solución?

De ninguna manera. Eso es esconder la cabeza como un avestruz. No hay país que no tenga una ley de financiamiento de campaña que no esté conquistado por la delincuencia organizada. Argentina va hacia eso. Y ese es un vacío teórico y un vacío práctico y es gravísimo. Por eso la provincia de Buenos Aires es el centro patrimonial de la delincuencia organizada en Argentina. Si la señora gobernadora no avanza contra su misma clase política, como hizo la Primera Ministra de Rumania, como lo hizo Polonia, como lo hizo Italia, como lo está intentando hacer Indonesia, si no avanzas con valor político, no salimos de esta y además el país te explota en la cara como le está explotando a Macri. No se puede avanzar con gradualismos en todo. Yo entiendo el gradualismo económico, porque no se pueden generar aumentos de precios a todo el mundo, pero el gradualismo en la lucha anti mafia te conduce a más muertes, te conduce a más víctimas, te conduce a más sufrimiento, más padecimiento.

Y esta es la experiencia que tengo después de trabajar en 118 países del mundo.

[1] “El Bronco” es como le llaman al ex candidato presidencial Jaime Rodríguez Calderón.

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