Hacia un nuevo pacto social donde el centro sea el planeta y no el ser humano

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El 21 de abril, Manuel Pulgar Vidal, ex Ministro de Ambiente de Perú y Presidente de la COP20 (la Conferencia sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas), conversó con InnContext en un encuentro virtual abierto sobre la relación entre la crisis climática y la crisis del COVID-19 y las alternativas para superar ambas. El encuentro fue moderado por Ramiro Fernández, Director Programático de Fundación Avina, y contó con la participación de Iván Arnold, Director de Nativa, y Paula Ellinger, Gerenta Programática de Fundación Avina.

Conferencia de Manuel Pulgar Vidal completa.

La crisis del COVID-19 está íntimamente ligada a la degradación ambiental y a la explotación de la naturaleza y los animales. No es la primera vez que una enfermedad zoonótica (que se transmite de un animal al ser humano) desata una crisis sanitaria a gran escala. En los últimos años, enfermedades como la gripe aviar y la gripe porcina, originadas ambas en los sistemas de producción y consumo de animales, o la enfermedad por el virus del Ébola, que alcanzó al ser humano a partir del contacto con un animal silvestre, han tenido graves consecuencias sobre la salud humana. Sin embargo, es la pandemia del COVID-19 la que parece haber instalado, de un solo golpe, la idea de que el denominador común de estas y otras enfermedades se encuentra en el vínculo entre seres humanos y naturaleza. Y que, a su vez, tiene su expresión más urgente en la crisis climática.

Esta pandemia es la crisis más difícil que ha enfrentado la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial, según el secretario General de Naciones Unidas, y está teniendo impactos estructurales en todos los órdenes de la vida: sanitario, social, político, económico”. Ramiro Fernández también resaltó el hecho de que la crisis del COVID-19 ha puesto en evidencia “un fracaso rotundo en la forma de gestionar riesgos a nivel colectivo”. Por esto, resulta especialmente relevante aprender de esta experiencia para el abordaje de la crisis planetaria, una de cuyas manifestaciones es el calentamiento global, y que constituye una verdadera amenaza para la continuidad de la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

Los aprendizajes que deja la pandemia

Para abordar el eje central de la conversación, Manuel Pulgar enfatizó la necesidad de avanzar hacia un nuevo contrato social. Y para eso, el primer paso es identificar las lecciones que la sociedad debe tomar de esta experiencia. Según Pulgar, “tenemos que apostar, como en el siglo XIV y XV luego de la plaga de la peste negra, a un nuevo renacimiento, donde el ser humano deje de ser el centro, para que el nuevo centro sea el planeta y ese sea el criterio para la toma de decisiones, con la colaboración y el consenso social pleno”.

La primera lección que nos deja esta pandemia tiene que ver con el funcionamiento sistémico del planeta. Pulgar citó a Brigitte Baptiste, investigadora del Instituto Humboldt, en Colombia, quien dice que “el ser humano ha creado el concepto de naturaleza para sentirse sobrenatural”. Así, el ser humano se ha separado progresivamente de su entorno y ha construido un vínculo basado en el dominio. Y bajo este paradigma ha desarrollado un sistema de producción y consumo que excede los límites planetarios. Este sistema, basado en la lógica del crecimiento exponencial, opera de forma ajena a los ciclos de regeneración de la naturaleza y a sus límites físicos. “Si pensamos en el origen de la enfermedad, no cabe más que esperar nuevas pandemias. Si sigue el incremento de la temperatura global, la pérdida de hábitat, que acerca animales silvestres a humanos y fomenta la transmisión zoonótica, lo mismo que el comercio de fauna silvestre, si mantenemos el bajísimo nivel de calidad de los recursos como aire y agua, probablemente estaremos reproduciendo las condiciones para una nueva pandemia”.

Un segundo aprendizaje tiene que ver con la forma de enfrentar una emergencia. “Hemos hablado mucho sobre emergencia, climática, planetaria. Pero la verdad nunca nadie ha actuado con las armas para enfrentar esta emergencia”. Según Pulgar, por primera vez en mucho tiempo se han tomado medidas inmediatas para hacer frente a una situación de emergencia. En este caso, la implementación del distanciamiento social o la cuarentena, la adopción de medidas económicas de emergencia, muestran que hay una capacidad de reacción ante una crisis. Sin embargo, a pesar de que se ha insistido en el mensaje, hasta ahora no se han visto acciones de esta naturaleza para enfrentar la emergencia climática. “Por lo tanto, la forma en la que actuamos frente a esta emergencia, debe enseñarnos a determinar las formas para actuar frente a la emergencia climática”.

Pero la emergencia también deja entrever nuestra propia vulnerabilidad. En principio, las grandes desigualdades, agudizadas por la crisis sanitaria, ponen en evidencia un fracaso del sistema económico y político para garantizar los derechos fundamentales a todas las personas. La pobreza, la falta de acceso al agua, a salud, a educación, muestran la vulnerabilidad de nuestras instituciones y el nivel de exposición de la sociedad en general ante sucesos como el que estamos viviendo. Y recién estamos viendo los primeros impactos de esta crisis. En palabras de Pulgar, «las consecuencias económicas, sociales y políticas de la crisis las veremos este año y el año que viene y tenemos que estar preparados para ello”.

Y esta vulnerabilidad institucional no solo existe a niveles local y nacional, sino también global. En efecto, el sistema multilateral está en crisis. Pulgar afirma que “vemos las dificultades de las COP en mandar señales políticas claras, la debilidad de los espacios internacionales para la diversidad biológica y la debilidad de los organismos supranacionales como el Mercosur. Vemos que ninguna de estas entidades ha podido responder acorde a las expectativas de la ciudadanía”.

¿Esto significa que se debe desmantelar el multilateralismo? Pulgar responde que no, pero que es necesario abordar las debilidades que exhibe el sistema. En este sentido, Paula Ellinger hizo hincapié en el rol de la sociedad civil y de los gobiernos y las comunidades locales para abordar las vulnerabilidades. “Estamos viendo mucho poder emergiendo en la acción local: entre vecinos, comunidades, ayudándose entre sí, por ejemplo, traduciendo conocimiento científico a lenguas indígenas. En este contexto se ve una fuerza muy grande de la acción local para aumentar la resiliencia”.

La crisis es una sola

Uno de los principales desafíos a nivel global tiene que ver con la unificación de las agendas. Según Pulgar, “hacia fines del siglo pasado, empezamos a pensar en cómo lograr consensos alrededor del tema clima, biodiversidad, desertificación, bosques. Pero luego, en el tiempo, el desarrollo de estos espacios ha sido fragmentado y en distintos niveles de desarrollo. Biodiversidad, naturaleza y desertificación son como los hermanos pobres del debate internacional”.

Pero, a la par, tampoco se están implementando los planes que el mundo había acordado ejecutar para responder a temas específicos. “Si hacemos un gráfico mental de todas las decisiones que hemos tomado sobre naturaleza, a la vez que vemos una pérdida de especies que alcanza niveles dramáticos, pareciera que no hay resultados concretos. Por lo tanto, ahora deberíamos caminar el proceso contrario”. Pulgar enfatiza sobre la necesidad de “reunificar la agenda en una agenda común: una agenda de desarrollo”.

Esta fragmentación también se ha observado en las distintas movilizaciones que, tan solo en 2019, sacudieron el mundo. “¿Qué teníamos hasta diciembre del último año? Que además hemos podido ver en las crisis políticas de Francia, Chile, Ecuador y otros países. Teníamos una agenda fragmentada en múltiples demandas: algunos era por seguridad, por el empleo; otros por clima y eventualmente ambiente, pero siempre muy fragmentado”. En efecto, movilizaciones por el clima, por la igualdad, por el acceso a derechos, por las mujeres, se tomaron las calles del mundo en repetidas ocasiones durante el 2019.

Sin embargo, Pulgar observa un cambio: “Hoy día creo que tenemos exactamente lo opuesto. El COVID-19 ha unificado la agenda y por eso podemos hablar de naturaleza, clima, paquetes de recuperación económica y salud, por poner solo algunos ejemplos, de manera unificada. Pero creo que en el nivel de la movilización vamos a ver una multiplicación significativa de la movilización, en especial de los jóvenes. Creo que los jóvenes van a ser muy activos y muy resistentes a cualquier actividad que pueda significar la degradación del ecosistema, o un aumento de emisiones, o una vuelta al escenario Business as Usual (es decir, todo sigue igual)”.

Hacia un nuevo pacto social

Para Manuel Pulgar, los tres elementos fundamentales para construir un nuevo pacto social son la información, la solidaridad y la cooperación. Pulgar se pregunta “¿cómo podemos construir un proceso gradual y razonable que construya de abajo hacia arriba y que después pueda articular lo global?” Y una de las respuestas tiene que ver con la organización del Estado Nacional. “En América Latina todavía tenemos una visión fragmentada de la organización social. Todavía tenemos que entender que la condición ecológica abarca todas las formas de organización social, la política, la economía”.

Por otro lado, la movilización debe comprenderse como una herramienta fundamental para promover cambios desde las bases sociales. Sin embargo, Pulgar aclara que es importante mantener un equilibrio entre movilización y activismo e implementación de políticas públicas. ¿Qué quiere decir con esto? “Siempre hay un riesgo de que la materialización de un acuerdo anestesie la movilización social. Por eso, es bueno poner en la balanza la obtención de productos políticos en forma de leyes, políticas o convenios, a la vez de mantener ‘activo el activismo’”.

En este sentido, el Acuerdo de París ha sido principalmente el resultado de un esfuerzo político antes que de activismo. Es un instrumento formal de vital importancia para sentar las bases de un consenso y dirigir el rumbo que debe tomarse en función de los objetivos globales. No obstante, por sí solo no puede impulsar un cambio, y es ahí en donde debe entrar en juego la movilización. Pulgar afirma que en esta etapa de implementación del Acuerdo de París, “debemos activar la movilización para, a su vez, activar las decisiones políticas”.

Por su parte, la ciencia también juega un papel central como fundamento de las decisiones políticas. En el contexto de pandemia, Paula Ellinger mencionó que “el rol de la ciencia sale fortalecido”. Las medidas sanitarias que se tomaron tuvieron un sólido fundamento científico. “En el caso de la pandemia, hay una comunicación clara del riesgo que estamos enfrentando y esto permite al Estado tomar medidas drásticas que en otro tiempo pensaríamos que son inviables. Y podemos aprender mucho de esto quienes trabajamos contra la crisis climática. Sabemos que hay mucha dificultad en comunicar los impactos de largo plazo y ojalá esta crisis nos traiga una analogía de lo que implica no actuar frente a un futuro desconocido, pero con datos científicos claros sobre el riesgo”.

Pulgar advierte que, en el contexto actual, “tenemos el antes pero no tenemos el después”. Es decir que la página que sigue todavía está en blanco. Ramiro Fernández hizo referencia al libro de Christiana Figueres, The Future We Choose: Surviving the Climate Crisis (El futuro que elegimos: sobreviviendo a la crisis climática), donde la autora menciona que la humanidad está en una década crítica en la que definirá si logrará avanzar hacia un futuro de sostenibilidad y solidaridad o si perderá la oportunidad y entrará en una nueva era basada en una gestión de daños de la que ya no podrá salir.

América Latina se encuentra ante esta disyuntiva, a la vez que enfrenta otros grandes desafíos centrales para encaminarse hacia un desarrollo sostenible. La desigualdad, la falta de acceso a derechos, la debilidad de las instituciones democráticas, la violencia, el crimen organizado, la explotación irracional de recursos naturales se encuentran entre esos grandes desafíos. Y también la fragmentación regional: según Manuel Pulgar, a pesar de que se suele hablar mucho sobre integración latinoamericana, la región no ha logrado aprovechar los espacios para la cooperación que ha generado y tampoco ha logrado cooperar de forma efectiva frente a la actual crisis.

Pero, paralelamente, los pueblos latinoamericanos están dando muestras de lucha y de solidaridad que reflejan una voluntad creciente de transformar la realidad social. El pacto social del que habla Manuel Pulgar implica una visión común de futuro que se puede percibir en cada una de las movilizaciones que agitan el continente. Si bien pudieron haber tenido como origen una demanda puntual, también son muchos los colectivos que reconocen sus problemáticas como parte de algo más grande, que incluye otras demandas, otras realidades, otros pueblos. Pero todavía hay mucho trabajo por hacer para construir esa visión común de futuro y convertirla en un nuevo paradigma que permita la integración: el paradigma del cuidado, como guía y base para reinventar la forma de construir vínculos.

Bernardo Toro: «El cuidado no es una opción. O aprendemos a cuidar o perecemos».

Texto por Yanina Paula Nemirovsky

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