La inteligencia artificial y la Internet de las cosas marcarán una nueva revolución tecnológica

En 1956, el matemático John McCarthy definió la inteligencia artificial como “la ciencia de hacer inteligentes a las máquinas”. La inteligencia artificial, uno de lo sueños más ambiciosos de la ciencia ficción, es hoy una realidad. En los últimos años, se han desarrollado algoritmos cada vez más complejos y potentes que han sido aplicados en casi todas las disciplinas. La conectividad va ganando cada vez más terreno, al punto que se habla de la “Internet de las cosas” (Internet of things) término que alude a la masiva cantidad de equipos que hoy permiten acceder a internet. La revolución tecnológica ya está muy avanzada y una señal de esto es que, sin estos dispositivos, nuestras vidas cotidianas ya son inconcebibles.

Máquinas inteligentes

¿Qué significa que una máquina sea inteligente? A grandes rasgos, la inteligencia artificial (ia) trata de simular la mente humana en su aspecto más analítico: la toma de decisiones. Así, el objetivo es lograr que la máquina tome decisiones adecuadas en base a la información de que dispone, para lo cual tiene que reconocer el entorno, las variables y las posibilidades. La inteligencia artificial está de manifiesto en el desarrollo de algoritmos como el reconocimiento de voz o de imágenes, el procesamiento de grandes cantidades de datos y la capacidad de aprendizaje de las máquinas (machine learning).

La iA está presente en las aplicaciones más cotidianas de nuestros dispositivos. Por ejemplo, el detector de correo electrónico no deseado o spam utiliza estos algoritmos para clasificar los emails y mandarlos a la papelera sin que siquiera nos enteremos de que alguna vez nos llegaron. Y, desde ahí, se puede complejizar aún más: por ejemplo, en los vehículos autónomos, en la robótica o los chatbots (chats en línea operados por máquinas). La inteligencia artificial se está posicionando como el motor de una nueva revolución tecnológica y promete marcar un hito en la historia.

Internet en todo

Hace algunas décadas, la única posibilidad de acceder a internet era a través de una computadora. En la actualidad, existe una gran variedad de dispositivos capaces de conectarse a internet. La Internet de las cosas, es, precisamente, el conjunto de “cosas” que pueden acceder a internet. Y si acaso se habla de “cosas” es porque la amplitud de dispositivos es tan grande que es imposible agruparlos a todos en un rubro específico: estamos hablando, por ejemplo, de sensores remotos para monitorear parámetros ambientales, como la temperatura del agua en los océanos o la concentración de un gas. O también medidores del consumo de energía de hogares o fábricas o el tránsito de vehículos en las ciudades. Los equipos de la Internet de las cosas no necesitan mucha capacidad de procesador ni de memoria, lo cual permite diversificarlos en un sinfín de aplicaciones.

Estas aplicaciones pueden tener un impacto positivo en muchos sentidos. Por ejemplo, Los equipos de Internet de las cosas (ioT en inglés Internet of things) se pueden usar para monitorear el consumo de electricidad en todos los niveles, desde el doméstico al nacional, y con esta información generar sistemas que permitan un consumo energético más eficiente y racional. La ioT también se puede usar para el monitoreo de variables como la calidad del aire, del agua y de la tierra para la agricultura. Otros sensores se pueden usar para monitorear y comprender la migración de animales, con el objetivo de asegurar su conservación.

Otro ejemplo muy popular de uso de la ioT es la aplicación de predicción de tráfico «Waze». En este caso, las “cosas” son todos los celulares que usan la aplicación. Waze recolecta datos del GPS, como la geolocalización, la velocidad de movimiento de los celulares en los autos y también otras variables que registran los propios usuarios, como la ocurrencia de accidentes viales o cortes de calles. Con esta información, la aplicación estima los tiempos de tránsito y recomienda a los usuarios las mejores rutas. De esta forma, el uso de Waze permite reducir el uso de combustible y llegar a destino de la forma más rápida y directa.

La contracara de la revolución

Si bien la inteligencia artificial está aportando grandes beneficios a las personas, también tiene una contracara: puede perjudicar a las personas en condición de vulnerabilidad. Una de las mayores preocupaciones con respecto a la inteligencia artificial es el impacto que va a tener sobre el trabajo. ¿Cuántas personas se quedarían sin trabajo si los servicios de mensajería fueran realizados por drones? ¿O si los choferes del transporte público o de carga fueran reemplazados por máquinas inteligentes? La inteligencia artificial está empezando a cambiar las reglas de juego del mercado laboral.

Otra problemática de la Internet de las cosas tiene que ver con la privacidad de los datos y la seguridad de los equipos. Muchas veces, estos dispositivos manejan información sensible y están permanentemente conectados a la red, lo que los hace vulnerables a ataques cibernéticos. Un ejemplo de esto es lo ocurrido en la Central Nuclear de Natanz, en Irán. En el 2010, durante una visita, los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica notaron que las centrifugadoras usadas para enriquecer uranio estaban fallando. Cinco meses más tarde, se repitió el evento, pero esta vez los expertos detectaron el problema: un virus informático conocido como Stuxnet tomó el control de mil máquinas y les dio la orden de autodestruirse. Lejos de ser una película de ciencia ficción, este ataque cibernético demostró el impacto real del mundo virtual.

Tecnología y naturaleza

A pesar de los ataques cibernéticos y la cuestión de la privacidad, la Internet de las cosas se sigue expandiendo. De hecho, muchos expertos estiman que, hacia el 2030, habrá alrededor de 30 mil millones de dispositivos conectados a la red. En cuanto a la inteligencia artificial, también se encuentra en franco progreso. Uno de los beneficios que puede traer es un aumento en las capacidades productivas de las naciones a un costo muy bajo. De esta forma, el país que sepa aprovechar la tecnología podrá desarrollarse más rápidamente. Por otra parte, para los países más pobres esto representa una oportunidad para combatir la pobreza y generar empleo.

Uno de los temas centrales que con seguridad dominará la agenda del 2030 será el ambiente y se espera que la inteligencia artificial sea una herramienta para la conservación. Hoy día, los algoritmos ya están al servicio del análisis de los datos recabados por los dispositivos de la internet de las cosas, y gracias a ellos podremos predecir catástrofes, comprender y cuantificar las variables ambientales más importantes. Los desafíos son muchos pero el potencial es aún mayor: los dispositivos de la red en conjunto con la inteligencia artificial son los grandes artífices de esta revolución.

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