Falta de trabajo, xenofobia y discriminación son los principales problemas que enfrentan las mujeres migrantes venezolanas

A través del Programa Migraciones, Fundación Avina estableció una alianza con Citi Latinoamérica para apoyar la difusión del Desafío JuntosEsMejor, una iniciativa global que busca identificar, financiar y dimensionar soluciones innovadoras de cualquier lugar del mundo para suministrar apoyo inmediato de largo plazo a los venezolanos y sus comunidades anfitrionas afectadas por la crisis regional, promovido por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID por sus siglas en inglés) y el Banco Interamericano de Desarrollo – BID. Esta colaboración tuvo como actividades dos reuniones virtuales, un mapeo de iniciativas relacionadas con el mencionado Desafío y dos procesos de escucha con inmigrantes venezolanos residentes en América Latina y el Caribe. Uno de estos procesos fue especialmente dedicado a escuchar a las mujeres venezolanas hablar sobre la situación que viven en la región, dado su género.

En marzo de 2021, la plataforma R4V (Plataforma Regional de Coordinación Interinstitucional OIM / ACNUR) indicó la existencia de más de cinco millones y medio de refugiados y emigrantes de Venezuela en los países de América Latina y el Caribe. La plataforma destaca que este número representa la suma de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo venezolanos reportados por los gobiernos de acogida. Dado que muchas fuentes gubernamentales no toman en cuenta a los venezolanos sin estatus migratorio regular, es probable que el número total sea mayor. Una parte importante de ese grupo son mujeres de distintas edades.

Este artículo pretende compartir una mirada a la resistencia de las mujeres en contexto de refugio, a partir del proceso de escucha. El artículo “Mulheres do Campo: entre Existências, Resistências e Provações” rescata el origen de esta palabra, refiriéndose al Pequeno Dicionário Escolar Latino-Português (Editora Globo: 1960), en el que se atribuye a la palabra ‘resistencia’ la siguiente etimología:

Re = prefijo-repetición; y siste = «continuar existiendo». Mientras que la palabra existir, según el Diccionario Porto Editora, proviene del latín existere, y significa “tener existencia; vivir; ser; ser; haber; subsistir; perdurar”.

(Elizabeth, ABRAPSO, 2017)

Estar refugiada en un país desconocido requiere de coraje para seguir adelante, para reinventarse y posicionarse en un nuevo lugar. Que se reconozca su identidad, sus necesidades y potencial. Para que esa resistencia se lleve a cabo en la mejora de su calidad de vida, es necesario que se escuche y considere la voz en el contexto de las políticas y acciones de acogida, protección e integración de las personas refugiadas.

Participaron de este proceso 82 mujeres venezolanas de entre 17 y 59 años, residentes en el Perú, Brasil, Chile, México, Colombia, Puerto Rico, Paraguay, Curaçao, Estados Unidos y Argentina. Hablaron sobre los problemas que afectan a las mujeres venezolanas en la región y propusieron soluciones que consideraron importantes. La metodología incluyó una conversación virtual en la que se destacaron elementos clave para el diseño de la encuesta, para su posterior implementación y revisión. La encuesta estuvo estructurada en cuatro áreas: personas, productividad, servicios y finanzas y se realizó de forma virtual en junio de 2020.

Al ser consultadas sobre los principales problemas que dificultan la integración, la cohesión social y las relaciones comunitarias en el actual contexto migratorio, las mujeres venezolanas señalaron cuatro problemas principales: falta de trabajo (22,86%); xenofobia (21,43); discriminación contra mujeres, niñas y niños venezolanos (18,57%) y desconocimiento del idioma o cultura del país de destino (10%).

En términos de productividad, describieron cinco principales problemas que afectan las condiciones de vida y restringen el acceso de las mujeres venezolanas a productos esenciales para la vida cotidiana: pocas oportunidades laborales (36,62%); alto costo y burocracia para la revalidación de diplomas (22,54%); ofertas de trabajo por debajo de la calificación (14,08%); explotación o degradación del trabajo de las mujeres (11,27%) y falta de reconocimiento de calificaciones y experiencias profesionales (5,63%).

En el área de servicios, las mujeres identificaron tres grandes problemas que restringen o impiden su acceso a servicios como la educación, la salud, la energía y la conectividad, entre otros. Estos problemas son la falta de opciones para cuidado infantil (30%); falta de servicios de salud para niñas, mujeres y personas LGBTQI+ (22,86%) y reducción de recursos económicos para la compra de alimentos (20%).

Finalmente, en lo financiero, los principales problemas mencionados que afectan o limitan el acceso y la transferencia de dinero y capital hacia las mujeres venezolanas son la falta de políticas y servicios para acceder a financiamiento para el emprendimiento (28,18%); mayor dificultad y burocracia para abrir cuentas para mujeres refugiadas (26,76%); el costo de las remesas a Venezuela (25,35%) y la existencia de restricciones de acceso a crédito (19,72%).

Las mujeres que participaron en este proceso también presentaron ideas para dar soluciones a estos problemas. Algunas de sus propuestas fueron la creación de plataformas de servicios virtuales para facilitar el acceso a información importante y atención psicosocial, además de otros servicios en línea; la implementación de programas o actividades de intercambio cultural que faciliten la integración y la socialización de las mujeres venezolanas en las comunidades donde viven; la creación de oportunidades para su incorporación en el mercado laboral, acompañadas de una formación productiva y salvaguardando su calidad profesional; la reducción del costo y de la burocracia para acceder a créditos y vivienda; la revalidación de títulos universitarios; la difusión de narrativas que demuestren la resiliencia y el potencial de las mujeres venezolanas y la capacitación y orientación para estas mujeres en contexto migratorio, entre otras.

Este proceso refuerza la importancia de la práctica sistemática de escuchar a mujeres refugiadas, en el ámbito de las diferentes organizaciones que trabajan con este grupo social. Existen herramientas y caminos metodológicos para ello. Esta práctica permitirá que las voces de estas mujeres resuenen en diferentes espacios, y también puedan verse reflejadas en políticas y prácticas de los sectores públicos y privados. Por tanto, apoyar el fortalecimiento socioemocional y la organización de las mujeres migrantes es de vital importancia para lograr que sean las protagonistas de sus luchas y que sus voces lleguen a los espacios de toma de decisiones.
Eso es fundamental para garantizar los derechos consagrados en las normas nacionales e internacionales, legitimando el lugar donde estas mujeres se refugian como un sitio de protección y amparo.

Autora: Rogenir Almeida Santos Costa (coordinadora programática en la Fundación Avina para Migraciones e Innovaciones Democráticas, en Brasil)


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