Las comunidades del Gran Chaco Americano se organizan para resistir el cambio climático

El río Pilcomayo provoca inundaciones con frecuencia, creando un desastre recurrente que causa pérdidas de vidas y pertenencias para las comunidades rurales de la región del Gran Chaco en Sudamérica. A diferencia de la mayoría de los ríos, hasta un tercio del volumen del Pilcomayo durante las crecientes está compuesto por sedimentos y su trayectoria durante la temporada de lluvias es impredecible. Cuando el río lodoso desborda sus orillas, deposita ese sedimento en enormes montículos de lodo, a veces enterrando casas y automóviles.

Más allá del río, el Gran Chaco es una región árida que se extiende desde el centro de Argentina, el occidente de Paraguay y el las tierras bajas del sureste de Bolivia. Aquí habitan más de 7 millones de personas (8% pertenecientes a pueblos indígenas), muchas de las cuales se dedican a la agricultura, la ganadería, la apicultura y la artesanía. Durante las últimas dos décadas, el cambio climático, —agravado por la deforestación masiva para cultivos industriales y para desarrollar ganadería pampeana— ha amenazado enormemente estos medios de vida. Las sequías son cada vez más largas y frecuentes, y la temporada de lluvias ya no es confiable. Cuando llega la lluvia, las inundaciones se apoderan del paisaje.

En enero y febrero de 2018, los pronósticos predijeron la mayor inundación que había experimentado la región en los últimos 35 años. Llegó el día de la inundación, pero esta vez fue diferente: se rescataron la mayoría de las pertenencias y no se perdieron vidas.

¿Qué había cambiado? Las personas incluso en los pueblos más remotos recibieron una alerta con varios días de anticipación. No sólo eso, sino que grupos comunitarios se coordinaron con las autoridades gubernamentales provinciales de Argentina, Bolivia y Paraguay para monitorear y tomar medidas precautorias antes de que las aguas llegaran.

Aunque la mayoría nunca había oído hablar del término formal «resiliencia climática», las comunidades del Chaco se organizaron para abordar los efectos locales de la crisis climática. Han creado confianza entre comunidades previamente aisladas y con las autoridades locales en los tres países, y han creado espacios para que miembros de la comunidad, sobre todo las mujeres, puedan participar en la toma de decisiones. Ahora, otros lugares están aprendiendo de su ejemplo. Los gobiernos y las instituciones internacionales de todo el mundo reconocen cada vez más la importancia de los esfuerzos de adaptación liderados localmente y están comprometiéndose a apoyarlos.

La región del Gran Chaco, en verde, comprende tres países: Argentina, Paraguay y Bolivia. Fuente: Luis María de la Cruz, Gran Chaco PROADAPT.

Construyendo una Red de Base para Enfrentar los Desafíos del Gran Chaco

En la década de 1990, cuatro extraños de cuatro pueblos diferentes del Gran Chaco comenzaron a viajar entre Argentina y Paraguay una vez al año para reunirse con las comunidades de la región y hacer una lluvia de ideas sobre cómo responder a desafíos comunes como la baja productividad agrícola, la sequía y las inundaciones.

Luis María de la Cruz, del pequeño pueblo de Vaca Perdida en Argentina, fue una de esas cuatro personas. A lo largo de los años, más y más personas de diferentes comunidades se unieron a estas reuniones y otras reuniones informales, dándose cuenta de que tenían mucho en común. Por ejemplo, expresaron su frustración por cómo el gobierno desarrolló un proyecto para desviar el río Pilcomayo hacia dos canales sin consultar con las comunidades. Como resultado de estas reuniones, organizaciones comunitarias en la región del Chaco comenzaron a formar y colaborar en iniciativas para promover los derechos a la tierra, el acceso al agua, las prácticas comerciales sostenibles, el liderazgo de las mujeres y, hoy, la adaptación climática.

“La gente se dio cuenta de que si ellos no son los protagonistas, se van a seguir haciendo obras que no toman en cuenta sus intereses,” compartió de la Cruz. “Las políticas iban a seguir definiéndose sin la gente.”

Algunas de estas organizaciones formaron una red en 2009 llamada Redes Chaco, una plataforma expansiva que incluye asociaciones de productores, colectivos de mujeres, grupos de jóvenes, autoridades locales y otras instituciones. Los miembros se reúnen regularmente para discutir las prioridades de la región, compartir experiencias y acordar cómo impulsar iniciativas a gran escala como la Coordinación Indígena para proteger los derechos territoriales  y el Colectivo de mujeres del Gran Chaco que lidera la agenda para la igualdad de género de la región.    

“Es importante tomarse el tiempo que sea necesario para [generar] la confianza y el afecto del grupo — esto también lo aprendimos de los grupos Indígenas,” dice Pablo Frere, veterinario y Secretario Ejecutivo de Redes Chaco, quien vive en la ciudad de Salta en Argentina. «Estos ámbitos de confianza que se han generado han permitido movilizar alrededor de 20 millones de dólares y llevar a cabo diferentes iniciativas.»

En 2018 la región sufrió la más grande inundación en 35 años. Imagen de: Sistema de Alerta Pilcomayo – SAP.

Un Sistema de Alerta Temprana para Inundaciones Basado en la Autogestión

Gracias a la confianza mutua y el espíritu colaborativo de Redes Chaco y en el marco de Gran Chaco Proadapt, se potenció el sistema de alerta temprana de inundaciones para evitar muertes, minimizar daños a la propiedad y prevenir pérdidas de producción. Gran Chaco Proadapt es una iniciativa trinacional entre organizaciones de la sociedad civil, el sector privado local, gobiernos locales y financieros climáticos nacionales e internacionales. Al proporcionar información sobre el comportamiento del río antes y durante las tormentas, el proyecto ha mejorado sustancialmente los esfuerzos locales de adaptación al clima. Según la Comisión Global de Adaptación, sólo con 24 horas de aviso de una tormenta que se avecina puede reducir el daño resultante en un 30%.

“Hubo una alfabetización muy intensa para la correcta lectura de mapas y otras herramientas para el monitoreo y dibujos del espacio,” dijo de la Cruz, un antropólogo que se convirtió en pionero en el desarrollo de estos mapas participativos del territorio y alerta temprana. Combinado con nuevos modos de comunicación, en este caso WhatsApp y Telegram, este programa se convirtió en un poderoso instrumento.

Dos miembros de la comunidad discuten las medidas de prevención de inundaciones. Crédito de la imagen: Gran Chaco Proadapt

En 2015, un grupo de productores creó un grupo de WhatsApp para compartir alertas de ríos y explicar las implicaciones de las alertas meteorológicas e hidrológicas de forma rápida y eficaz. Desde entonces, se han formado más grupos que abarcan decenas comunidades y los tres países. Los miembros que puedan ver cómo crece el río publican fotos; otros miembros lo explican y comparan con imágenes de satélite; otros advierten a sus comunidades del peligro inminente.

Ejemplo de un mapa de riesgo de inundación del río Pilcomayo que las comunidades del Gran Chaco han aprendido a utilizar. Las áreas azules y verde claro tienen una mayor probabilidad de inundaciones. Imagen: Gran Chaco Proadapt

“Antes, cuando llovía la gente podía perder sus casas. Ahora estoy en este grupo [de WhatsApp] y miro y se si va a llover, si se va a inundar. Pero gracias a la conexión estamos bien. Cualquier cosa, ya sabemos,” compartió Norma Rodríguez, Presidente de la Cooperativa de Mujeres Artesanas COMAR. “Es importante porque antes no teníamos eso; nadie sabía nada. A veces se inundaba y nadie sabía hasta que llegaba el agua. Hoy cuando hay crecimiento del río, todos sabemos.”

Fortalecer a las Mujeres Líderes con Herramientas Digitales para Adaptarse y Prosperar

Como parte de la estrategia de desarrollo territorial y adaptación al cambio climático, el colectivo de organizaciones del Gran Chaco también estableció 20 centros de economía remota en comunidades aisladas para facilitar el acceso a la conectividad y enseñar a las mujeres a usar computadoras y herramientas digitales para acceder a la información climática. Los centros se establecieron en su mayoría en las sedes de asociaciones de mujeres indígenas, logrando así una mayor legitimación y empoderamiento de los actores locales. Cada asociación elige su tutor/a perteneciente a la misma comunidad y sus prioridades de aprendizaje. Gracias a estos esfuerzos, 35.000 personas por primera vez han accedido a internet o a un dispositivo móvil. En los últimos años, 370 mujeres líderes han aprendido a mapear riesgos y prácticas de adaptación, produciendo cuatro mapas de riesgos territoriales, un manual de buenas prácticas de adaptación y un Diagnóstico y Estrategia de Cambio Climático y Género para la región.

Estos centros no sólo mantienen a las comunidades más seguras frente a los peligros climáticos, sino que también han creado nuevas oportunidades de ingresos. Las mujeres ahora utilizan las computadoras de los centros digitales para vender sus artesanías y otros productos comerciales en línea, solicitar becas, procesar electrónicamente sus pensiones y más.

Durante muchos años, los hombres tomaban todas las decisiones en la región, asumiendo un rol dominante que dislocó el sistema de toma de decisiones y autoridad de los grupos tradicionales. Gracias al modelo participativo e inclusivo de Redes Chaco, esta realidad está cambiando. Ahora más de 200 grupos de mujeres de base se han sumado a la red y la toma de decisiones tradicional se está volviendo.

A partir de mayo de 2020, la iniciativa Nanum: Mujeres Conectadas, se propone un nuevo desafío: la prestación del servicio de conectividad domiciliaria en 40 comunidades rurales indígenas y criollas del Gran Chaco. Se espera que el acceso a la tecnología reduzca las condiciones de aislamiento de estas comunidades, mejorando sus capacidades de resiliencia y adaptación al cambio climático. A lo largo de estos tres años, se conformarán las NANUM emprendimientos, liderados por las mujeres locales, en cada una de estas comunidades para prestar el servicio de internet. “El proyecto busca promover el rol de las mujeres como agentes de cambio en sus comunidades en lo que respecta al acceso y la adopción de soluciones disruptivas. Allí donde las mujeres se involucran los procesos de adaptación se aceleran porque ellas son las grandes gestoras en sus comunidades”, dice Florencia Iacopetti, Gerente Programática de Fundación Avina, a cargo de la coordinación general de NANUM. Los centros alertan a todas las comunidades cercanas sobre la crecida del Pilcomayo, evitando pérdidas en 2018. Estos centros permiten que todos los miembros de la comunidad accedan a información climática y los conectará con el resto del mundo.

Mujeres aprenden informática en un centro local de Nanum dirigido por mujeres. Imagen: Centros Nanum.

Apoyar la Adaptación Climática Dirigida Localmente

Los gobiernos locales y nacionales están impresionados con los hitos alcanzados por las comunidades del Gran Chaco y los miembros de la comunidad ahora tienen voz en el desarrollo regional y la planificación de la adaptación. En Argentina, el Ministerio de Medio Ambiente ha seguido su ejemplo y ha consultado a la red Proadapt para el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación (NAP).

Cuando Argentina fue sede de la cumbre del G20 en 2018, las organizaciones productoras de mujeres del Gran Chaco, grupos de la sociedad civil y mujeres empresarias fueron invitadas a compartir sus prioridades en el escenario internacional. Mediante el uso de WhatsApp y videollamadas, más de 300 mujeres de más de 65 organizaciones se reunieron en el transcurso de un año para desarrollar recomendaciones antes de la cumbre. Este grupo, actualmente, se ha conformado como Red Mujeres Rurales de Argentina, llevando la agenda de género y cambio climático en la agenda nacional. Las comunidades de la región del Gran Chaco encarnan enfoques dirigidos localmente para la adaptación climática, que colocan a la población local al frente de la toma de decisiones y el liderazgo. Los Principios para la Adaptación Dirigida Localmente, coordinados por WRI y el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED) bajo la Comisión Global de Adaptación, exigen un mayor poder de toma de decisiones y financiamiento para que los actores locales diseñen, prioricen, implementen, monitoreen y evalúen la adaptación climática. También piden que la población local sea vista no sólo como beneficiaria, sino como socios de pleno derecho, como lo son en las iniciativas de la región del Gran Chaco.

Los Principios han sido respaldados por más de 40 gobiernos y organizaciones, y esperamos que más sigan su ejemplo este año. La acción liderada localmente es esencial para proteger a las personas y los ecosistemas del cambio climático.

Así como remarca el secretario ejecutivo de Redes Chaco Pablo Frere, “Todo el mundo tiene saberes y conocimientos que tienen valor, sean empíricos o no. Cada uno de nosotros forma parte de la solución.»

Autora: Stefanie N. Tye (Research Associate, Climate Resilience Practice – World Resources Institute)

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El contenido de esta publicación no refleja la posición de la Fundación Avina sobre el tema.

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